La reforma a la Ley 225‑20 convierte una tasa ambiental en un impuesto en cascada, afecta a los fideicomisos y encarece la vivienda de bajo costo.
- Aleta
- Jun 30
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La Alianza Empresarial Turística de La Altagracia (ALETA) advierte que las recientes modificaciones a la Ley 225-20 sobre Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos introducen un esquema fiscal técnicamente incorrecto, que afecta de manera directa al desarrollo inmobiliario y al acceso a la vivienda.
El principal problema es que la Ley 225-20 trata la gestión de residuos como un
impuesto, cuando en las legislaciones comparadas —incluyendo países del Caribe, Centroamérica y la Unión Europea— este tipo de cargas se estructuran como tasas vinculadas al costo real del servicio. Una tasa se calcula según el costo del manejo de residuos; un impuesto grava la actividad económica. La reforma confunde ambos conceptos y genera distorsiones graves.
Doble tributación para los fideicomisos: un golpe directo a la vivienda asequible.
La reforma obliga a tributar dos veces la misma actividad:
La sociedad desarrolladora paga el 100% de la tarifa establecida.
El fideicomiso, que ya es un vehículo regulado y transparente, vuelve a tributar sobre el margen que entrega al desarrollador.
Este diseño equivale a un impuesto en cascada, una práctica fiscal regresiva y carente de justificación técnica.
Además, la reforma a la Ley 225‑20 desconoce la exención establecida en el Artículo 45 de la Ley 189‑11, que libera a los fideicomisos de cualquier impuesto, tasa o contribución en su constitución, modificación o extinción. Al imponerles nuevas cargas fiscales, la reforma rompe ese marco legal, afecta directamente a los fideicomisos utilizados para vivienda social y de bajo costo —estructuras de márgenes reducidos— y provoca un aumento de costos que termina encareciendo las viviendas para miles de familias dominicanas.
El resultado es claro: mayores costos de construcción y viviendas más caras, afectando a miles de familias y reduciendo la competitividad del sector.
Otras inconsistencias que afectan al desarrollo inmobiliario.
ALETA identifica riesgos adicionales:
Incompatibilidad normativa con la Ley 189-11 y con estándares internacionales de tributación ambiental.
Inseguridad jurídica, al aprobar cambios acelerados sin análisis técnico ni consulta con los sectores productivos.
Impacto transversal en la cadena de valor, elevando costos de materiales, logística y servicios vinculados a la construcción.
Desincentivo a la inversión, al gravar estructuras fiduciarias que ya cumplen con obligaciones tributarias y de transparencia.
Posición de ALETA
ALETA exhorta a la Cámara de Diputados a revisar la reforma y corregir el error
técnico que convierte una tasa ambiental en un impuesto general, generando doble
tributación y afectando el acceso a la vivienda.
La sostenibilidad ambiental es un objetivo compartido, pero debe implementarse.
con criterios técnicos que no comprometan el desarrollo territorial, la inversión y la
estabilidad del sector inmobiliario.

